Aprender sin esfuerzo, la ilusión posmoderna y el desafío escolar.

El desinterés y la dispersión en las aulas se relacionan con contextos de aprendizaje que separan el esfuerzo del disfrute.

La tendencia del sistema cerebromental es dispersarse, hacer lo que le da placer y divagar sin orientación entre pensamientos e ideas. Es decir, administrar el gasto de energía evitando el esfuerzo. Para el cerebromente de un niño ya escolarizado es más fácil ingresar a Facebook, revisar constantemente mensajes de WhatsApp, recordar que hizo el fin de semana, que persistir en una tarea que en primera instancia le presenta dificultad. Lamentablemente para algunos alumnos, y para la sociedad en general, si se desea aprender se requiere vencer la inercia de nuestra mente, controlar la tendencia a la dispersión y focalizar nuestra atención. Aprender exige fijar una meta que trasciende el tiempo presente y un control esforzado que guíe la voluntad para lograrla. Superada la primera etapa el esfuerzo disminuye si la tarea es relevante para quién la realiza. Nos implicamos con pasión en las actividades que tocan algo esencial de nuestra historia de vida. Sumergidos en ese hacer vamos adquiriendo las competencias para sobrepasar mayores dificultades y entrará en una sensación de flujo tan placentera que el tiempo pasa sin darnos cuenta. Nos esforzamos para disfrutar de aprender.

Las capacidades de iniciar una actividad y el control cognitivo para sostenerla son centrales para el aprendizaje escolar. Los alumnos difieren en estas capacidades. Algunos logran emocionarse ante la mayoría de las tareas implicándose en ellas con entusiasmo, otros apenas responden. Del mismo modo, algunos logran regular sus emociones y postergan el placer inmediato por una meta futura, mientras otros se ven impulsados para hacer lo que desean en el momento. Se observa un continuo desde alumnos con alta capacidad de control cognitivo a otros con un déficit en su foco atencional, de regulación de la impulsividad y del movimiento. En este último grupo se encuentran los niños que en algunos casos son diagnosticados con un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). A esta diversidad la educación escolar debe dar respuesta. Para esto se puede pensar que la dispersión, el desinterés y el fracaso escolar, son causados por este déficit. Sin embargo, en el caso del TDAH los estudios epidemiológicos indican que la frecuencia en Latinoamérica es del 3 a 7 %, correspondiendo a 1 o 2 alumnos en un curso de 30. Este número está por debajo de lo observado en las escuelas, donde la dispersión, el desinterés y la falta de atención a la tarea escolar implican a un número mayores de alumnos.

Otra alternativa es pensar que entre las características del alumno, producto de la interacción de su carga genética y el ambiente, y la tarea escolar se produce una dinámica que impacta en las capacidades de control cognitivo y su motivación. Esta alternativa pone el acento en el contexto de aprendizaje ¿Cómo debería ser una tarea para que motive y estimule el control esforzado de los alumnos? La respuesta es difícil por la cantidad de variables intervinientes, pero una pista se puede encontrar en la relevancia que la tarea tiene para el alumno, la progresiva complejidad que presenta, la percepción de control que el alumno tiene sobre el proceso y el clima emocional de seguridad en el que se desarrolla. Contextos de emociones positivas y tareas relevantes promueven un esfuerzo que se disfruta a medida que se avanza adquiriendo una habilidad. Para pensar estas propuestas los invitamos a una serie de conferencias y talleres dictadas en la Feria del Libro en Ingles organizada por el Colegio San Ignacio, donde se tratarán temas referidos a la capacitación emocional, los problemas de atención en el aula y la compresión de textos. 

Juan Pablo Zorza

Dr. en Psicología, Mg. en Psicología Social

y Lic. en Psicología – MP. 4512

Miembro de Fundación Clínica de la Familia


Nota publicada en diario Puntal el sábado 19 de agosto de 2017.

Informar para la Salud - 05-08-17