La depresión en el adulto mayor

Este trastorno es frecuente en esta población y usualmente se asocia con enfermedades coexistentes, disfunción cognitiva y riesgo de suicidio.

El trastorno depresivo en adultos mayores se produce en hasta el 5% de este de este grupo etario no institucionalizado y el 8 – 16% de esta población sufren síntomas depresivos clínicamente significativos. Las tasas del trastorno depresivo mayor aumentan cuando el paciente sufre otras enfermedades concomitantes, hasta el 5-10% en atención primaria y hasta el 37% tras hospitalizaciones en cuidados intensivos.

Los criterios diagnósticos para el trastorno depresivo mayor son: (deben estar presentes cinco o más de los siguientes síntomas casi todos los días durante dos semanas)

  • Estado de ánimo deprimido durante todo el día
  • Incapacidad de sentir interés o placer notablemente disminuidos en casi todas las actividades
  • Descenso de peso y modificación en el apetito
  • Insomnio o hipersomnia
  • Agitación o retardo motor
  • Cansancio o perdida de energía
  • Sentimientos de desvalorización o de culpa inapropiados
  • Disminución de la capacidad de pensar o concentrarse
  • Pensamientos e ideas suicidas

Las personas con depresión en la vejez tienen mayores tasas de enfermedades concomitantes. La relación entre depresión y enfermedad coexistente puede ser bidireccional: problemas médicos como el dolor crónico pueden predisponer a la depresión y ésta a su vez se asocia con peor evolución de enfermedades como las cardiopatías. Las enfermedades concomitantes pueden generar polifarmacia, entre otros, los efectos de los psicotrópicos sobre algunas enfermedades y sobre el metabolismo de otros medicamentos.

El deterioro cognitivo es frecuente en adultos mayores con depresión. Esta última puede ser un factor de riesgo para el deterioro cognitivo y una manifestación del mismo. Se asocia con el aumento a largo plazo de demencia. Las deficiencias cognitivas pueden ser signos de envejecimiento cerebral acelerado que predispone y perpetúa la depresión.

Evaluación:
Para evaluar la depresión se utilizan instrumentos validados que reflejan los criterios diagnósticos y se valoran los antecedentes de la persona. Debido a que las tasas de suicidio son altas en los ancianos, especialmente en los hombres, es necesario explorar cuidadosamente la existencia de pensamientos suicidas.

Los exámenes complementarios recomendados son: hemograma para descartar anemia, glucemia, tirotrofina, ya que el hipotiroidismo puede imitar los síntomas depresivos. Se recomienda también medir las cifras de vitamina B12 y folato, ya que la frecuencia de deficiencia de vitamina B12 aumenta con la edad y las cifras bajas de ésta y de folato pueden contribuir a la depresión.

Tratamiento:

Cambios en los hábitos de vida. Se debe estimular el aumento su actividad física en la medida de lo posible. Otras recomendaciones son: mejorar la alimentación y aumentar las actividades placenteras y las interacciones sociales. En general, debido a que la depresión aumenta la dificultad de iniciar cambios en los hábitos de vida, estas recomendaciones son insuficientes si trata con farmacoterapia, psicoterapia o ambas.

Farmacoterapia. Debido a sus escasos efectos secundarios y su bajo costo, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), son el tratamiento de primera línea para la depresión de la vejez.

Los inhibidores de la recaptación de serotonina-norepinefrina (IRSN) se emplean como fármacos de segunda línea cuando no se logra remisión con los ISRS.

Tras ser autorizados para su empleo auxiliar en la depresión resistente al tratamiento, los antipsicóticos de segunda generación olanzapina y aripiprazol se emplean cada vez más para tratar la depresión no psicótica.

Psicoterapia. Esta es eficaz para la depresión y se la puede considerar como tratamiento de primera línea. Aunque otros tratamientos también pueden ser eficaces, la evidencia más fuerte es a favor de la terapia conductual cognitiva y la terapia de resolución de problemas.

La terapia conductual cognitiva se centra en identificar y reformular los pensamientos negativos, disfuncionales y al mismo tiempo aumentar la participación en tareas agradables y actividades sociales. Su efecto puede ser más débil en personas con enfermedades físicas o con deterioro cognitivo.

La terapia de resolución de problemas se centra sobre el desarrollo de aptitudes para mejorar la capacidad de afrontar los problemas.

Las recomendaciones subrayan la necesidad de una cuidadosa evaluación del riesgo de suicidio y de las enfermedades concomitantes en esta población.

Dr. Claudio Oyarzabal Muñoz.

Médico Psiquiatra M.P. 23739  M.E. 14131

Miembro de Fundación Clínica de la Familia


Nota publicada en diario Puntal el sábado 26 de agosto de 2017.

Informar para la Salud - 05-08-17